dimecres, 14 de desembre de 2016

Casa Alegre de Sagrera (Terrassa)

La familia Sagrera, de procedencia campesina, emigró a Terrassa a finales del siglo XVIII.
Con los años se convirtió en uno de los linajes más prósperos de la villa de Terrassa. En 1768 Anton Sagrera i Casanoves compró varios centros en la calle de la Font Vella. Joaquim de Sagrera i Domènech, fabricante de tejidos de lana, héroe destacando la Guerra de la Independencia y alcalde (1820-1823) utilizó estos terrenos para edificar, a inicio del siglo XIX, su residencia.
Durante la Guerra del francés las tropas napoleónicas saquearon e incendiaron la casa, en respuesta a la clara posición antifrancesa de los Sagrera.
El auge de la mecanización industrial, la generalización del vapor y la electrificación por parte de empresarios locales de principios del siglo XX provocaron un cambio en la imagen y en las dimensiones de la ciudad. Terrassa pasa a presentar un perfil industrial con vapores y chimeneas.
A finales del siglo XIX Mercedes de Sagrera, heredera del linaje, se casó con el industrial textil vinculado a la oligarquía local, Francisco Alegre i Roig. Aportó al matrimonio la casa, muy deteriorada, la calle de la Font Vella. De esta manera se unían dos familias de la burguesía local, una poseedora de un apellido y tradición ilustre pero sin gran fortuna, y la otra, con prestigio en la economía y política locales y de considerable fortuna.
En 1911 se decidió reformar según un modelo ecléctico modernista de vivienda burguesa industrial de la época. El arquitecto municipal Melcior Vinyals Muñoz se encargó de esta reforma, que es la que se conserva actualmente.
La familia Alegre de Sagrera se emparentó con otros linajes industriales, como los Fontanals que, a partir de 1930, ocuparon el piso superior del inmueble.
Hasta los años sesenta del siglo XX se mantuvo como una de las familias más importantes de la ciudad. En ese momento se vieron afectados por la crisis del textil que provocó el cierre de su empresa, la Tarrasa Industrial (carretera de Montcada).
 En 1973, el edificio fue adquirido por el Ayuntamiento de Terrassa con la ayuda de la Caja de Ahorros de Terrassa.
Desde ese momento, tanto la casa como sus jardines, están abiertos al público.
El interior se habilitó para funciones expositivas de patrimonio local, ordenadas con un criterio puramente decorativo.











































Museu de la Ciència i de la Tècnica de Catalunya (Terrassa)

El Museu de la Ciència i de la Tècnica de Catalunya (conocido como mNACTEC) es una institución museística que depende del Departamento de Cultura de la Generalitat de Catalunya.
Su sede central se encuentra en Terrasa (Vallès Occidental), en una antigua fábrica textil de la Rambla d'Egara (nº 270), edificio que es uno de los principales ejemplos de la arquitectura modernista de Catalunya: el Vapor Aymerich, Amat i Jover, diseñado por el arquitecto Lluís Muncunill i Parellada y construido entre 1907 y 1908.
La denominación de vapor se debe al hecho que la fábrica utilizaba el vapor de agua como fuerza para mover las máquinas. Esta maquinaria todavía se encuentra instalada y es una de las principales atracciones del museo. La antigua fábrica modernista ha sido ampliada con nuevos edificios, de los cuales destaca lo que funciona como vestíbulo de entrada, con una fachada fotovoltaica.
Al final del siglo XIX, tres industriales egarenses, los señores Josep Aymerich, Pau Amat y Francesc Jover, se asociaron creando la empresa Aymerich, Amat i Jover, para dedicarse a la fabricación de tejidos de lana. Como era costumbre en la época, al principio se instalaron en unas naves de alquiler, en uno de los "vapores" existentes en la ciudad. Entre 1905-1906 los tres industriales decidieron construir su propio vapor. Uno de los socios, el señor Pau Amat, pidió a sus dos compañeros de empresa que el inmueble a construir fuera una sociedad separada jurídicamente, y a todos los efectos, de la compañía textil. Así pues formaron una Sociedad Anónima que sería la propietaria del local. Las obras, dirigidas por el arquitecto Lluís Muncunill, se iniciaron en 1907 y se inauguró el noviembre de 1908. En el año 1912 murió el Sr. Jover y su viuda decidió separarse de la sociedad Aymerich, Amat i Jover, empresa textil lanera, pero no de la inmobiliaria. En la empresa se desarrollaba todo el proceso textil (hilados, tejidos y acabados). La empresa se dividió y los hilados se trasladaron a Fígols en 1920 y Aymerich i Amat se especializó en tejidos. A partir de esta fecha, parte del espacio de la fábrica se alquiló a varias empresas. En el año 1962 quedó gravemente afectada por las riadas de Terrasa. Finalmente cerró el negocio en el año 1976. La última gran empresa que trabajó dentro de la fábrica fue Manufactura auxiliar, que cerró en 1978. La fábrica fue comprada por la Generalitat de Catalunya en 1983, y posteriormente se convirtió en el Museu de la Ciència i de la Tècnica de Catalunya.
Dentro del vapor Aymerich, Amat i Jover se realizaban todos los procesos textiles: se hilaba, se tejía, se teñía y se realizaban los acabados de la lana. Dentro de las naves textiles se organizaba la más diversa maquinaria para facilitar los diferentes procesos. El ruido que se producía en las naves textiles era aterrador y los obreros llegaban a comunicarse prácticamente por signos. En el textil trabajaban hombres y mujeres y la presencia femenina era mayoritaria en algunas secciones como la hilatura. Jóvenes de corta edad (casi niños) también trabajaban. Según los periodos, en la fábrica podían llegar a concentrarse unos cuántos centenares de obreros. En épocas de gran demanda, la fábrica podía llegar a trabajar día y noche y los turnos de trabajadores se sucedían continuamente. De esta forma se optimizaba el rendimiento de las calderas y de la máquina de vapor. Hacia 1913 la jornada de un obrero solía ser de unas 11 horas. Las condiciones de trabajo eran duras: jornadas largas, mucha humedad, aire viciado por el polvo y las briznas de fibra, ruido escalofriante, accidentes,... Los salarios eran bajos y hacían que los obreros llevaran una vida muy austera. Las mujeres acostumbraban a cobrar menos, puesto que su trabajo era menos valorado.